22 de juLio de 2025 

Cuando el recorte revela fortaleza: resiliencia organizacional en tiempos de ajuste

La importancia del desarrollo de habilidades en las organizaciones

Los números han roto el silencio: el IMSS registró una caída neta de 47 442 puestos formales durante abril de 2025, el peor resultado para ese mes en más de una década. (Espinosa, 2025) El ajuste no es abstracto: en la planta de Volkswagen Puebla se disolvió el contrato del almacén de refacciones y 156 colaboradores pasaron a negociar condiciones con un proveedor externo; la liquidación fue legal, pero el cambio salarial y de prestaciones obligó a cada persona a replantear su día a día (López, 2025). 

Frente a este panorama, la resiliencia no puede reducirse a un eslogan motivacional. Frente a este panorama, la resiliencia no puede reducirse a un eslogan motivacional. Estudios recientes sobre grandes empresas mexicanas muestran que la resiliencia organizacional se activa cuando las compañías reconocen sus pérdidas con transparencia y, a la vez, documentan las capacidades internas que les permiten absorber la disrupción y rediseñar procesos (González Hernández, 2025) Esa doble mirada—realista y apreciativa—genera tres desplazamientos útiles: 

1. Del golpe a la claridad. Nombrar la pérdida con datos concretos disipa rumores y libera energía para la acción coordinada. 
2. Del déficit al recurso. Una cartografía rápida de habilidades y redes muestra activos que el recorte no tocó: certificaciones, contactos, conocimiento tácito. En el caso de Volkswagen, la certificación en manejo de montacargas permitió a varios ex-almacenistas reincorporarse en la cadena logística con el nuevo operador.

Del aislamiento a la interdependencia. Cuando las personas registran y comparten los apoyos que reciben—una recomendación, un tutorial, un espacio para actualizar su CV—se fortalecen los lazos que sostienen la productividad futura. 
Estas prácticas no exigen grandes presupuestos; dependen más bien de la disciplina para documentar lo que todavía funciona y de la valentía para agradecerlo públicamente. La estadística de empleo, por sí sola, señala una fuga; la indagación apreciativa convierte esa alerta en un mapa de posibilidades. Allí donde el indicador marca retroceso, pueden encenderse pequeños focos de innovación: re-skilling exprés, rotaciones de rol, células de mejora continua. Cada avance—por mínimo que sea—alimenta la narrativa interna de que la organización no se quiebra: se reconfigura. 

La invitación es clara: mirar la pérdida de frente, rastrear las fortalezas que persisten y ponerlas a trabajar de inmediato. Así, el dato duro deja de ser sentencia y se transforma en palanca para la renovación. 

En última instancia, un recorte de personal o una crisis financiera no definen el destino de una organización; lo que determina su supervivencia es la agilidad con la que sus líderes logran transformar el impacto en una estrategia de reconfiguración. Al pasar de una mentalidad de déficit a una de recursos, las empresas descubren que, incluso en la adversidad, conservan activos invaluables: el conocimiento táctico, la lealtad de quienes permanecen y la capacidad de innovar bajo presión.
La verdadera resiliencia organizacional en Hominum no consiste en resistir el cambio hasta que pase la tormenta, sino en aprender a navegarla utilizando cada desafío como una palanca de aprendizaje. Cuando miramos la pérdida de frente y rescatamos las fortalezas que persisten, el dato duro deja de ser una sentencia de fracaso y se convierte en el mapa que guía hacia una estructura más humana, consciente y, sobre todo, preparada para el futuro.

Consultor Carlos Gaeta
Excelencia Operacional